Capítulo 5
Cuando los sistemas dejan de aprender
El capítulo anterior mostró cómo una diferencia puede dejar de reorganizar el sentido y empezar a empujar al cierre defensivo, y cuando esa dinámica deja de ser episódica y se estabiliza aparece otra cosa: una patología del sentido.
Las patologías del sentido no equivalen a errores puntuales: el sistema continúa produciendo sentido, pero lo hace mediante configuraciones que reducen sistemáticamente su capacidad para integrar el mundo, y aunque el sistema funciona el mundo se vuelve cada vez menos habitable dentro de él.
Las interpretaciones se endurecen, las narraciones se repiten y la diferencia se percibe como amenaza constante, de modo que el cierre del sentido se convierte en el mecanismo dominante para preservar la coherencia.
En la vida individual aparece cuando una persona deja de revisar la narración que organiza su experiencia, de modo que los acontecimientos que la contradicen se reducen o se ignoran para preservar la coherencia existente.
En las instituciones sucede algo parecido: discrepancias que antes habrían provocado ajustes pasan a percibirse como perturbaciones, las anomalías se reinterpretan y las interpretaciones existentes se refuerzan.
En las culturas también puede aparecer esta dinámica, cuando las narraciones colectivas que organizan la experiencia histórica se vuelven más rígidas y las diferencias se interpretan como amenazas al orden existente.
En este punto aparece una paradoja característica: cuanto más se esfuerza el sistema por proteger su estabilidad mediante cierres defensivos, más reduce su capacidad futura para reorganizar el sentido, de modo que la estabilidad inmediata se consigue a costa de la estabilidad a largo plazo.
La fragilidad emerge precisamente en este desplazamiento, porque un sistema puede seguir funcionando durante mucho tiempo incluso cuando su reserva adaptativa ha comenzado a disminuir, las estructuras permanecen, las interpretaciones se mantienen y la coordinación continúa operando, pero el margen que permitiría reorganizar el sentido frente a nuevas diferencias se vuelve cada vez más estrecho.
Comprender este proceso permite reformular el problema central del libro: ¿qué ocurre cuando los sistemas empiezan a perder la capacidad de aprender de ese fallo?
Cuando el cierre defensivo deja de ser una reacción puntual y se convierte en una forma estable de funcionamiento, la diferencia deja de reorganizar el mundo y el sistema aprende a reducirla.
En el próximo capítulo examinaremos el contexto en el que esta dinámica se vuelve especialmente visible, y allí veremos cómo ciertas condiciones del mundo contemporáneo tienden a reducir la reserva adaptativa de los sistemas y a acelerar el cierre del sentido.