Ciclo: Ciclo 1  ·  Volumen: Vol. IV — La herida semántica

Capítulo 7. Co-individuación: nadie se reorganiza solo

Capítulo 7

Co-individuación: nadie se reorganiza solo

La individuación suele imaginarse como un proceso íntimo, incluso cuando se la piensa narrativamente se la sigue figurando muchas veces como algo que ocurre, en último término, dentro de una interioridad que después comunica su transformación al mundo; este volumen necesita corregir esa imagen porque nadie se reorganiza solo y la individuación es siempre, en alguna medida, co-individuación.

No implica la desaparición del yo ni que toda transformación sea mero efecto externo; implica otra cosa: que ninguna reconfiguración de sentido se produce fuera de un campo de alteridades, lenguajes, ritmos, reconocimientos y resistencias, y que la herida no abre solo un problema interno sino un problema de relación con el mundo que sostenía al yo y con el mundo que podría volver a sostenerlo de otro modo.

La discrepancia ya estaba vinculada a otro: algo no encajaba entre expectativa y experiencia, la disonancia introducía tensión respecto a una forma de habitar compartida y la herida semántica vuelve esa relación todavía más evidente porque lo vivido ya no cabe en las formas de sentido disponibles, pero esas formas no eran privadas sino siempre, al menos en parte, compartidas, heredadas, reconocidas o impuestas; por eso la reorganización posterior tampoco puede serlo.

Toda individuación necesita:

  • Un lenguaje en que pueda empezar a decirse sin quedar aplastada por una categoría ya hecha;

  • Un ritmo que no la fuerce demasiado pronto al cierre;

  • Alguna forma de reconocimiento, aunque sea mínima;

  • Y un entorno que no convierta inmediatamente la diferencia en desviación, fallo o rareza intolerable.

Esto resulta especialmente importante en un proyecto como este, donde el mundo contemporáneo ya no produce solo alteridades personales sino también alteridades técnicas y datificadas; una parte creciente del reconocimiento, de la clasificación y de la devolución de identidad no llega a través de otros humanos concretos, sino mediante métricas, perfiles, evaluaciones, rastros digitales, algoritmos, formularios y posiciones asignadas por sistemas de registro, y esa alteridad no desaparece por no ser narrativa en el sentido tradicional, porque también organiza el yo, devuelve mundo y puede estrechar o rigidizar la forma de individuación disponible.

Significa además que la herida y la individuación tienen una dimensión política, no porque toda transformación subjetiva sea un acto político evidente sino porque los entornos distribuyen desigualmente qué diferencias pueden sostenerse sin caer en exclusión, patologización o simplificación, y hay campos que permiten más de una forma de reorganización y campos que apenas toleran una, de modo que la diferencia entre ambos no es solo moral, es estructural.