Capítulo 5. La atención: el gasto caro del aprendizaje

Capítulo 5

La atención: el gasto caro del aprendizaje

No toda diferencia aparece del mismo modo; una discrepancia puede entrar en una psique como curiosidad o como mundo a explorar, o ya como amenaza, y esa diferencia de tono es central, de hecho constituye una de las claves de todo este libro.

Durante mucho tiempo la atención se pensó como una facultad relativamente neutra: una linterna interior que el sujeto orienta hacia lo que quiere comprender, conviene ir más allá de la metáfora del foco porque la atención funciona como una forma de distribución del margen que decide bajo ciertas condiciones qué diferencia podrá durar lo suficiente como para modificar el campo y cuál será absorbida demasiado pronto por una respuesta ya disponible.

Por eso conviene decirlo con una fórmula seca: la atención es el gasto caro del aprendizaje.

Sostener una discrepancia sin reducirla enseguida resulta costoso: supone resistir la tentación de correr al primer cierre disponible y aguantar el "todavía no" sin convertirlo de inmediato en juicio, explicación, retirada o identidad; ese coste no es solo psicológico sino también temporal, afectivo, corporal y semántico, y como cuesta el sistema suele ahorrar recurriendo a rutas ya trazadas.

Esto aclara algo importante: cuando el margen disminuye, sostener una diferencia se vuelve más caro que resolverla deprisa, aunque sea mal, de modo que la atención no desaparece sino que cambia de régimen y deja de ser exploratoria para volverse defensiva.

Podemos distinguir, entonces, dos modos muy distintos de atención.

En el primero la diferencia comparece como curiosidad, pausa o tanteo; el sistema sigue sintiendo la fricción sin experimentarla todavía como una amenaza intolerable, existe un pequeño intervalo donde algo puede seguir siendo pregunta y la atención no sabe aún qué hacer pero no necesita cerrarlo ya, régimen bajo el cual una discrepancia puede todavía orientarnos.

En el segundo la diferencia llega como alerta, urgencia o peligro y más que pedir elaboración exige reducción, de modo que la atención se organiza buscando salida, clasificación y alivio y orientándose hacia cómo volver la situación soportable cuanto antes en vez de explorar qué mundo abre esto, de forma que el cierre no llega al final del proceso sino que empieza en la propia forma de la atención.

Esto tiene una consecuencia pedagógica, clínica y política al mismo tiempo: hace falta ir más allá de preguntar qué le ocurre a un sistema ante el error y preguntar también bajo qué tono entra el error en él, porque basta mirar aulas, equipos o situaciones cotidianas para ver que un sistema que recibe la diferencia ya como amenaza tiene mucha menos probabilidad de aprender de ella que uno que aún puede sostenerla como curiosidad o como problema trabajable.

Esto obliga a la pregunta siguiente: si la atención no es neutra, ¿en qué medio comparece lo que atiende y qué organiza de antemano el tipo de diferencia que puede aparecer como curiosidad o como amenaza?