Capítulo 2. Pensar no ocurre en la cabeza

Capítulo 2

Pensar no ocurre en la cabeza

La idea de que el pensamiento ocurre en la cabeza parece tan obvia que resulta casi absurda cuestionarla. El cerebro está ahí, dentro del cráneo, y cuando pensamos sentimos que algo sucede en ese espacio. Neuroimágenes muestran actividad, neuronas disparan, regiones se activan. Todo ello refuerza la intuición de que pensar es un proceso interno, localizable y biológico.

Pero esta evidencia es engañosa: que el cerebro sea necesario para pensar no implica que explique lo que es pensar, de la misma manera que una imprenta sirve para imprimir un libro pero no determina su contenido; el cerebro permite el pensamiento sin fijar su estructura.

Cuando alguien resuelve una ecuación, formula un argumento jurídico o escribe una novela, su cerebro está activo, pero la forma de la ecuación, la lógica del argumento y la estructura de la narración residen en sistemas de símbolos, reglas y convenciones que existían antes de que ese cerebro las activara, de modo que el cerebro no contiene las matemáticas ni el derecho ni la literatura sino que se acopla a ellos.

Pensar es una operación que solo es posible dentro de un espacio de distinciones ya organizado, que no surge de lo biológico sino que es cultural, lingüístico y simbólico, y cuando una persona razona no está inventando las categorías que utiliza sino recorriendo caminos trazados por generaciones de comunicación.

Esto se vuelve evidente en el aprendizaje. Un niño no descubre por sí mismo qué es una causa, una promesa o un número. Aprende a usar esas distinciones porque se le introduce en prácticas comunicativas que ya las contienen, y la inteligencia que adquiere es menos la expansión de una capacidad interna que la incorporación a un sistema de sentido.

Por eso el pensamiento puede ser sorprendentemente estable entre individuos y sorprendentemente variable entre épocas: dos personas de culturas distintas pueden tener cerebros similares y, sin embargo, pensar de maneras radicalmente diferentes, no por diferencias de inteligencia sino por estar acopladas a sistemas de sentido distintos.