Capítulo 17.Sistema vida e historicidad del sentido

Capítulo 17

Sistema, vida e historicidad del sentido

Los desplazamientos introducidos por Gregory Bateson y Niklas Luhmann replantean qué entendemos por pensar y permiten abandonar la idea del pensar como actividad soberana de un sujeto interior, mostrando que toda operación cognitiva ocurre siempre dentro de marcos previos: sistemas de diferencias, contextos relacionales o campos de sentido que delimitan qué puede aparecer como información, relevancia o problema. Gracias a ellos, el pensamiento deja de entenderse como origen y pasa a leerse como operación situada. Este desplazamiento es irrenunciable y funciona aquí como suelo teórico explícito.

Sin embargo, tanto en Bateson como en Luhmann el análisis se detiene en el nivel de la coherencia operativa del sistema, y eso deja sin formalizar el proceso interno mediante el cual un humano logra seguir viviendo dentro de un marco que ya no encaja. Bateson muestra con enorme lucidez cómo los errores de marco y los dobles vínculos producen daño cuando un sistema relacional se vuelve incoherente para quienes lo habitan, y Luhmann describe con precisión cómo el sentido se clausura y se reproduce en sistemas de comunicación, omitiendo sin embargo el coste vivido de esa clausura: qué ocurre cuando el sistema sigue funcionando con eficacia mientras el mundo empieza a perderse para quien lo experimenta.

Este volumen se sitúa deliberadamente en ese punto ciego y prolonga el gesto de esos autores allí donde se detiene, evitando correcciones y contradicciones. En el humano, la psique no se limita a observar o a acoplarse al campo de sentido disponible, opera dentro de él mediante narración y lenguaje. Aquí la narración aparece menos como producción cultural o relato identitario tardío y más como dispositivo operativo de ajuste cuando la experiencia ya no puede integrarse directamente, y a través del lenguaje disponible la psique ensaya ficciones mínimas, redistribuye relevancias y amortigua disonancias.

El mecanismo central de este ajuste es la condensación narrativa del yo, que permite cerrar provisionalmente la complejidad del mundo en una figura operativa: alguien a quien le pasan las cosas, que puede sostener continuidad, imputación y memoria. Esta condensación no elimina la fricción; la vuelve habitable, pero no es gratuita, y cada reorganización narrativa consume estructura, modifica el campo de sentido y deja rastro, de modo que la psique humana es plástica bajo límite operativo y puede adaptar el relato solo hasta cierto umbral, más allá del cual el mundo empieza a difuminarse como mundo vivido

basta mirar situaciones clínicas o la vida cotidiana para que ese coste se haga visible.