Capítulo 9. Histéresis corporal

Capítulo 9

Histéresis corporal

La degradación y la recuperación no son simétricas; esta, una de las tesis más importantes del proyecto, adquiere aquí un sentido corporal muy preciso porque un sistema no vuelve al mismo punto solo porque haya cesado la presión inmediata; el cuerpo recuerda.

No en el sentido narrativo de un recuerdo consciente, sino como cambio de umbral, de tono, de facilidad de activación y de dificultad de desactivación: la historia deja una inclinación material, de modo que lo que antes podía sostenerse con poco costo ahora exige mucho más, lo que antes se descargaba rápido tarda ahora más y lo que antes aparecía como variación se siente como amenaza; esa no simetría es lo que aquí llamamos histéresis corporal.

No se trata de un simple retraso: la recuperación no es solo “más lenta”, el sistema ya no está sobre el mismo relieve y ha cambiado la topología de su respuesta; las rutas de activación se vuelven más fáciles, los valles más profundos, la latencia más cara y el cierre más probable, de modo que el cuerpo no vuelve a cero sino que sale de la presión con una historia inscrita.

Por eso ciertas intervenciones fallan aun cuando, en teoría, parecían suficientes: se baja la carga, se duerme mejor, disminuye el ruido, se corrige alguna variable metabólica y, sin embargo, el sistema sigue reaccionando demasiado pronto, estrechando antes y sintiendo como excesivas discrepancias relativamente pequeñas; no se trata de incoherencia sino de histéresis, el cuerpo no ha desaprendido todavía la forma de defensa que le permitió sostenerse.

Aquí se ve con mucha claridad la importancia del tiempo, basta mirar cómo perder margen puede ser relativamente rápido mientras que recuperarlo suele exigir estabilidad, repetición de condiciones y, a menudo, mucho más trabajo del que costó degradarse; por eso un cuerpo puede seguir funcionando durante mucho tiempo en una forma adaptativa estrecha aunque el entorno ya no la justifique del todo y la historia siga gobernando el presente.

La histéresis corporal también refuerza otra idea del volumen: la singularidad importa; no todos los cuerpos recuerdan, cargan o pagan los mismos costes ante situaciones parecidas, de modo que dos sistemas expuestos a una presión similar pueden salir de ella con relieves muy distintos, y por eso la recuperación no puede pensarse como un simple retorno normativo a una línea general; hay una dependencia de trayectoria que toda teoría del margen debe respetar.

Esto cambia también la lectura de la adaptación: muchas veces se dice que un sistema “se acostumbra”, pero eso puede querer decir dos cosas distintas, que ha ampliado su capacidad de sostener cierta complejidad o que ha reducido su sensibilidad a costa de profundizar un valle de cierre; sin histéresis ambas posibilidades se confunden, con histéresis la pregunta correcta es qué precio corporal ha pagado el sistema para parecer adaptado.